"LA MULTIPLICACION DE LAS FINANZAS, SEGUN EL METODO DE DIOS"

Pastor Julio A. Rodríguez - Iglesia Nueva Vida

 

PRIMERA PARTE

El mundo moderno tiene muy en cuenta el factor económico para poder sobrevivir o sobresalir; y casi todo se mide en términos de ganancias o pérdidas. La idea general de los hombres de la presente era tecnológica, es pensar en los riesgos y evaluar los resultados de cada inversión ANTES de hacerla. Es buscar la mejor opción que traiga la mayor cantidad de ganancias con el menor riesgo posible, aunque para conseguirla tengamos que volvernos insensibles a las necesidades de los demás y prescindir de otros importantes valores del ser humano, tales como: la compasión, la misericordia, el amor, la justicia y hasta la paz.

"Acuérdate de Jehová, porque él te da el poder para hacer las riquezas" (Deuteron. 8:18)

Dios conoce que tenemos todo tipo de necesidades en la vida; pero como él sabe lo que nos tiene preparado, nos dice que "no nos afanemos":

"Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?. No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos? porque los gentiles buscan todas estas cosas pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas" (Mateo 6: 25, 31-33)

Dios quiere darnos su bendición sin que nos cueste sacrificar los valores morales ni perder la satisfacción de poder ayudar a otros. Sin embargo, el método de Dios es muy diferente al método del hombre.

"Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos" (Isaías 55: 8-9)

El Señor es el dueño y tiene derecho sobre todas las cosas, porque él las ha creado.

La Palabra nos dice lo siguiente:

"Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas." (Apocalipsis 4:11)

"De Jehová es la tierra y su plenitud; el mundo y los que en él habitan. Porque él la fundó sobre los mares y la afirmó sobre los ríos" (Salmo 24: 1-2)

"Tuyos son los cielos, tuya también la tierra; el mundo y su plenitud, tú lo fundaste" (Salmo 89:11)

"Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos" (Hageo 2:8)

Tú tienes el derecho de preguntarte: Si Dios me ama y tiene el poder de darme todo lo que necesito, ¿por qué estoy pasando esta o aquella necesidad, o no rinde mi dinero, o me da tanto trabajo conseguir lo que anhelo?

La verdad es que Dios nos quiere dar toda su bendición pero debemos conocer cuál es el METODO que él, en su infinita sabiduría, ha querido usar y revelarnos.

  1. En primer lugar, la mayor bendición que Dios quiere dar a cada ser humano es la salvación de su alma; darle vida eterna gratuitamente y hacerle hijo(a) de Dios. Para esto sólo existe una manera: creer en el sacrificio expiatorio de Jesús en la cruz del calvario, confesarlo como Señor y creer que Dios le levantó de entre los muertos. Arrepentirnos de todos los pecados que hemos cometido, con la intención de vivir lo que resta en esta vida de una manera agradable ante los ojos de Dios.
  2. Dios quiere que aprendamos a poner en orden cada área de nuestra vida y dentro de Su plan está el que sepamos dominar las finanzas. Jesús dijo: "Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas" (Mateo 6:24)
  3.  

    El apóstol Juan dijo: "Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud; así como prospera tu alma" (3 Juan 2)

    Pablo nos dice: "Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo"

    (Efesios 1:3)

    En otras palabras, está en el corazón de Dios el derramar toda clase de bendición sobre sus hijos; pero debemos saber qué cosas lo detienen o en qué estamos fallando nosotros. La Biblia nos dice: "pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites" (Santiago 4:3)

    Recordemos que el Señor nos dijo que no nos afanemos sobre las COSAS NECESARIAS de la vida; pero no asegura que nos complacerá cada antojo o cada deseo vanidoso. El quiere que disfrutemos todas las cosas que él ha creado pero si pedimos algo que va a ofender a Dios o que serviría de tropiezo en nuestra vida, él no nos lo va a dar.

    El apóstol Juan nos dice la clave para obtener contestación positiva a cada oración que le hagamos a Dios: "Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa CONFORME A SU VOLUNTAD, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho" (1 Juan 5: 14-15)

    Recordamos que Jesús dijo: "y todo lo que pidiéreis en oración, creyendo, lo recibiréis" (Mateo 21:22). Significa que tenemos que pedirle a Dios en oración y que debemos creer que Dios lo va a conceder. Sin embargo, para que pueda ser complacida nuestra petición, primero debemos conocer cuál es la voluntad de Dios en lo que respecta a nuestro deseo para que podamos orar conforme a la voluntad de Dios.

    Después que sabemos Su voluntad, debemos creer que lo recibiremos. Esto significa que debemos tener fe en la fidelidad de Dios y en sus promesas. La Biblia nos define la fe, de la siguiente manera:

    "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve"

    (Hebreos 11:1); y nos agrega además: "Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan" (Hebreos 11:6)

  4. Con respecto a recibir bendición financiera; además de tener fe y pedir conforme a la voluntad de Dios, hay otro punto muy importante que nos revela la Palabra: La ley espiritual de sembrar y cosechar. Para entenderla, debemos saber lo siguiente:
    1. "El Señor no quiere que ninguno perezca sino que todos procedan al arrepentimiento" (2 Pedro 3:9)
    2. "Todo el que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? (Romanos 10: 13-15)
    3. Dios promete sostener a cada obrero que dedica su vida a Su servicio y promete suplir lo suficiente para cubrir todas sus necesidades, de manera que pueda trabajar en las áreas que Dios le ha encomendado. Para Dios es más fácil entregar sobrenaturalmente el dinero que cada obra u obrero necesita, pero esto impediría que cada creyente ponga su fe en acción para comprobar que lo que Dios promete lo cumple, y que aprenda a guardar su corazón de la avaricia.
    4.  

       

       

      SEGUNDA PARTE

      En la primera parte estuvimos analizando la necesidad de conocer la menera que Dios ha querido establecer para poder bendecir económicamente a su pueblo. Comenzamos también a analizar la ley espiritual de sembrar y cosechar; y en esta ocasión vamos a continuar con esta línea de pensamiento.

      Dios nos da una sencilla y gran ilustración sobre la manera de él bendecirnos:

      Imaginemos que somos agricultores y que tenemos con nosotros un saco de maíz en grano para comer o para venderlo. Si decidimos sembrar una porción del mismo significa que, aunque en el tiempo presente estaremos limitando la cantidad a vender o comer, para el futuro cercano obtendremos una multiplicación de lo que invertimos en la siembra con lo que podremos seguir comiendo o vendiendo.

      El ciclo se podría perpetuar si continuamos sembrando para poder cosechar.

      Está claro que mientras más sembramos, más cosechamos; aunque también existen otros factores que han de tenerse en cuenta si queremos triunfar en esta labor. Algunos de ellos los podemos controlar (como el abono y el cuidado de las plantas); pero otros están completamente fuera de nuestro control y exclusivamente en las manos de Dios (la lluvia, la calidad del terreno, el clima, etc.)

    5. Es muy importante poder sembrar en TIERRA FERTIL y debemos saber sin lugar a dudas que para Dios, Su obra (la iglesia, los obreros, las misiones, etc.) constituye una gran tierra fértil en la que nos conviene sembrar lo más que podamos.

La Biblia lo explica en 2 Corintios 9: 6-11, de esta manera:

"Pero esto digo: el que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. Cada uno dé como propuso en su corazón; no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre"

"Y poderoso es Dios para hacer que abunde en vosotros toda gracia, a fin de que, teniendo siempre en todas las cosas todo lo suficiente, abundéis para toda buena obra; como está escrito: Repartió, dió a los pobres; su justicia permanece para siempre"

"Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera; y aumentará los frutos de vuestra justicia, para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios"

 

  1. Podríamos preguntarnos, ¿Cuál cantidad es conveniente sembrar? Para responder a esta pregunta, vamos a seguir también el consejo bíblico.

En el pasado, Dios ordenó que se diera el 10% de todo lo que el pueblo ganaba, para el sostenimiento de los obreros del templo (a esto se le llama "diezmo"). Podemos ver la importancia que siempre ha tenido para Dios el que su pueblo cumpla con esta ordenanza; y al mismo tiempo podemos reconocer la conveniencia que cada persona tiene al ser obediente en este asunto, por la gran promesa que Dios ha hecho:

 

"Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde"

"Reprenderé también por vosotros al devorador, y no os destruirá el fruto de la tierra, ni vuestra vid en el campo será estéril, dice Jehová de los ejércitos. Y todas las naciones os dirán bienaventurados; porque seréis tierra deseable, dice Jehová de los ejércitos" (Malaquías 3: 10-12)

Ahora bien, es cierto que el libro del profeta Malaquías está en el Antiguo Testamento y que Jesús quitó la necesidad de las obras de la ley para estar justificados delante de Dios; Sin embargo, el principio es más claro hoy que en los días del Antiguo Testamento.

Hoy no diezmamos porque una ley nos obliga sino que, al saber aplicar esta revelación de sembrar en tierra fértil para Dios, nos conviene hacerlo para permitirle a Dios que nos bendiga económicamente con la abundancia que él quiere hacerlo.

Una cosa es cierta también: La Biblia dice que es justo delante de Dios que los que son bendecidos espiritualmente por algún obrero de Dios, deben bendecir materialmente a dicho obrero: "El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye" (Gálatas 6:6); y "Digno es el obrero de su salario"

(1 Timoteo 5:18)

Notemos que en el libro de Malaquías Dios ordena que los diezmos sean llevados "al alfolí", es decir, al almacén del templo, a la iglesia en la cual te nutres espiritualmente. Por esto conocemos que NO es correcto delante de Dios tomar tu diezmo para repartirlo entre varios ministerios "fértiles" ya que este 10% de lo que ganas, si quieres que esté bien sembrado, debes llevarlo a la iglesia en que te congregas.

Ahora bien, si deseas ofrendar más para Dios en otros ministerios (o en la misma iglesia), entonces debes hacerlo del restante 90% que te queda.

El principio bíblico del diezmo es maravilloso para tener libertad financiera; y en este tiempo de la gracia no estamos limitados a sembrar sólo el 10% sino que todo lo que Dios ponga en nuestro corazón para ofrendar, él lo prosperará. Dios asegura que nos bendecirá y que evitará que el devorador (el maligno) destruya lo que tenemos; sin embargo debemos reconocer la soberanía de Dios en todos los asuntos.

Dios te va a bendecir y cumplirá Su Palabra cuando El lo considere oportuno. Es en su tiempo y no en el tuyo. Debes aprender a esperar en la paciencia de Dios. Dice la Biblia lo siguiente:

"No os engañéis, Dios no puede ser burlado; pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará; porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos. Así que, según tengamos oportunidad, hagamos bien a todos y mayormente a los de la familia de la fe"

(Gálatas 6: 7-10)

Recuerda esto: A su tiempo segaremos, si no desmayamos. No dejes que la duda entre a tu corazón ni permitas que la incredulidad destruya tu confianza en el único y sabio Dios, que te ama más de lo que imaginas y que tiene todo el poder para bendecirte con gran abundancia.

Quiero terminar con este pensamiento: "Confía en Jehová y haz el bien; y habitarás en la tierra y te apacentarás de la verdad. Deléitate asimismo en Jehová y él te concederá las peticiones de tu corazón. Encomienda a Jehová tu camino y confía en él; y él hará"

(Salmo 37: 3-5)

Que Dios te Bendiga!

 

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